Alfredo, el rey del silencio
Domingo por la tarde. Afuera, los que no duermen pasean por las calles como si se dejasen caer hacia el lunes. Adentro, todo tiene apariencia de comisaría de pueblo. Aberturas altas y de madera - pintadas, repintadas y descascaradas. Un banco –pintado, repintado y descascarado- Un escritorio–no voy a redundar-, un hombre sin uniforme y un teléfono. Al fondo, una radio en frecuencia. Efectivamente es una comisaría, la décima, en Maipú.
Micrófono en mano, arrastro la abulia de los domingos por la tarde.
Tras anunciarme me atiende un comisario. Se muestra parco pero tras algo de educación se ablanda. Me niega cualquier tipo de dato, no podemos dar información. Agrega –ya en confianza- viste que algunas cosas han cambiado, para bien o para mal, ya no podemos dar información, viste. Cualquier cosa, al ministerio. E insiste, me sabrás disculpar flaco ¿no?
Ante la falta de información, la noticia detiene su crecimiento, se queda enana, pasa desapercibida. El espacio se llena con algún escándalo nacional –ya casi hollywoodense– de la corrupción kirchnerista y los -ahora avezados- jueces que investigan.
Hubo días, no muy lejanos, donde los periodistas teníamos que leer al menos tres o cuatro veces la portada de los online para “estar al día” en cuanto a la realidad provincial. Hoy, la jornada parece haber retornado al ritmo provinciano, atravesado por la siesta y el silencio roto por algunos ladridos.
En Mendoza hay una política del silencio y tiene dueño. Todos sabemos lo apreciable que es el silencio para el montañez, no hace falta decir que hasta tenemos una novela del más grande autor que dio nuestra tierra, Di Benedetto, que elogia el silencio. El silencio es tranquilidad. No ha pasado nada, todo es normal. Lo quiso Néstor en sus inicios, lo quiso Binner –y lo crucificaron– y hoy lo impone Cornejo. Más hábil que ninguno, Alfredo sabe que el silencio se impone, no se enuncia. Si se nombra se rompe.
Ningún funcionario de su gabinete, ni de primera ni de segundas líneas, habla con la prensa si no es bajo autorización del área de prensa. Incluso sus “prenseros” –con el mayor de los respetos a los colegas– intentan cortar conferencias cuando las preguntas se fueron del anuncio. Los micrófonos abiertos quedan para los técnicos y Cornejo cuando habla lo hace hasta donde quiere. Con mucha mayor elegancia y determinación que Pérez, el gobernador inicia retirada cuando ya no le interesa comunicar más nada.
De este lado, el periodismo –un poco porque se hace lo que se puede otro poco por haber vivido todos estos años de la carroña en casa de gobierno– sobrevive con los pocos “ladridos” de la siesta mendocina. Las paritarias duraron muy poco, a las muertes del zoológico les llegó el epílogo con Arturo, y hasta llegó el pelado de Ecogas desde Córdoba con las respuestas sobre si hay o no que pagar la factura.
¿Se rompe el silencio? Sólo cuando las palabras valen más y sin mucho bombo y platillo.
El silencio también otorga distancia. Así, el Alfredo observa y trabaja. Ya logró un endeudamiento mucho mayor al que quedó en el inconsciente colectivo, varios recursos y obras de Nación, un Procurador, quizás una nueva ley de Ministerio Público y un juez de la Suprema Corte, entre otros.
Desde el gobierno entienden que la información también es un capital a administrar. Y un Estado eficiente no puede derrochar siquiera en eso. Además, se los mantiene a raya a los dueños de los medios. Tendremos entonces los periodistas una doble tarea, porque no siempre el silencio es salud.
Mientras tanto se trabaja frenéticamente para que al momento del desgaste del gobierno nacional, Mendoza marque la diferencia. Aquí no hubo segundo semestre, ni globos de colores, acá sólo hay silencio que aunque debería ser de hospital, parece más bien una siesta. Mi vieja me decía, mejor que cuando me levante hayas ordenado todo. Y al menos yo, ordenaba porque lo que me importaba, era lo que venía después…


Valiente. Sorprendente. (En Mdz -boletínoficial- hablan o simulan o impostan o ponderan o completan este silencio, con propaganda política disuasiva y por ejemplo poniendo en valor la labor legislativa por la salida de proyectos de ley express productos del disciplinamiento fiscal con ajuste político: el único legislador con iniciativa es el Ejecutivo (sic). Antes le decían escribanía: hoy es una puerta giratoria de mamarrachos legislativos de superpoderes y superfacultades vedadas: super-suma del poder público. Pero...). Saludos
ResponderEliminarDistinguido Seba. Es hermoso sacarse las ganas en espacios como estos, a los que los dinosaurios no llegan. Hagamos ruido acá, fuera del sistema, rompamos las siesta.
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