Un acto de justicia
Decir que Zama de Lucrecia Martel es cine de alto vuelo, no es una novedad. Sin embargo, no me puedo permitir pasar por alto un acto de justicia. No hay vuelta que darle. Hay claros, evidentes, aciertos de la cineasta. La fotografía, que por momentos parece que estamos ante un cuadro; el relieve de los sonidos ambientales y también los subjetivos, por ejemplo el zumbido metálico ante los hechos que aturden al protagonista; la reconstrucción de una época virreinal en la periferia de la periferia, donde lo extranjero dominante no logra sobreponerse a la primacía del elemento autóctono y por lo tanto el ambiente se torna decadente; la lentitud de algunas escenas que nos hacen experimentar ansiedad y que no es más que la misma ansiedad que carcome el alma de Don Diego de Zama; incluso, la libertad con la que Martel eligió una música de los 50 y el lenguaje de los personajes, recordemos que el propio Di Benedetto se defendió en este sentido, asegurando que Zama no era un novela histórica ...




