NO SEA BURRO
El mundo se mueve tracción a sangre. Usted elige si es el burro o el jinete. Aunque los jinetes de este mundo se preocupen por generar cada vez más animales de carga y cerrar el círculo de los privilegiados que manejan el rumbo de sus vidas, lo deberá intentar. En Argentina, hace al menos una década –aunque no es nuevo ni exclusivo de un gobierno- que el país lo movemos “los burros”. Y parece que así seguirá siendo, incluso ahora más flacos y menos contentos, deberemos tirar del carro.
¿A qué me refiero? La economía de nuestro país ha dependido en los últimos años del consumo. Fundamentalmente, de las clases media y baja que están muy lejos de un avance cierto de su situación económica real como lo sería por ejemplo tener su propia casa.
Desde la misma Casa Rosada se hizo creer que “Consumo” era “Calidad de vida”. Describía, Cristina Fernández de Kirchner, el lunes 9 de junio: “Los restaurantes estaban llenos, el consumo creciendo (…), el consumo popular, millones de argentinos que han podido acceder a un auto nuevo, a un auto usado o a una moto, o a un plasma. En fin, a mejorar la calidad de vida”.
Para mantener el consumo se crearon programas, algunos más necesarios que otros. Precios Cuidados, Pro.Cre.Ar, Pro.Cre.Auto, Ahora 12, Tarjeta Argenta, etc. La mayoría apuntaba a sostener el consumo de los sectores más vulnerables. Y si bien ayudaron a paliar los efectos de la inflación y la recesión y permitieron comprar en algunos casos productos de primera necesidad, también es cierto que hicieron que “los burros” movamos una rueda pesada que los jinetes no estaban dispuestos a mover.
Mientras los empresarios no invertían, no tomaban gente y no daban aumentos considerables. Mientras la fábrica de hacer billetes nos comía el sueldo con la inflación. Mientras los impuestos más fuertes los asumen los pobres. A los burros nos daban tarjetas para comprar cosas que en nuestra puta vida habríamos podido comprar -y hoy, menos que menos. Total, las cosas tarde o temprano se pagan, y los intereses también.
En 2015 el endeudamiento promedio del trabajador argentino fue de $ 35.111. En muchas provincias, casi tres sueldos brutos. En el primer puesto de los endeudados, los porteños. En los cuatro puestos siguientes, paradójicamente había dos de las provincias con sueldos más bajos del país. Aumentó un 30% la refinanciación de saldos a través de los mágicos “pagos mínimos”.
Hace dos años que tengo tarjetas de crédito y tras algunas malas experiencias aprendí que hay gente que gana plata, mucha plata, con mi ignorancia. O por qué cree usted que, en una época donde ningún rico se animaría a hacer un gran gasto, usted laburante jornalero podría tener su primer auto cero kilómetro. O por qué cree usted que “las cuotas sin interés” existen ¿por generosidad o caridad de los banqueros?
Soy burro y no jinete cuando no puedo decidir sobre mi rumbo. Cuando no me alcanza la plata para llegar a fin de mes y no estoy haciendo nada para que eso deje de ser así. Cuando no distingo “lo necesito” de “lo quiero”. Cuando no me ocupo de generar más dinero y gastar menos y mejor. Cuando tengo un tipo encima sacando provecho de la energía que gasto para ganarme un sueldo que voy a gastar en recuperar energía. Cuando la guita me quita libertad y felicidad.
Haga todo lo posible. No sea burro. Si trabaja ocho horas al día para alguien, trabaje al menos dos para usted –résteselas al sueño- en algún proyecto –otro tipo de sueño- que lo saque de su condición de animal de carga. No sea burro, no crea en el sistema. No valemos por lo que tenemos sino por lo que podemos conseguir; incluso, a veces las cosas más valiosas no tienen góndola en el mercado.
¿A qué me refiero? La economía de nuestro país ha dependido en los últimos años del consumo. Fundamentalmente, de las clases media y baja que están muy lejos de un avance cierto de su situación económica real como lo sería por ejemplo tener su propia casa.
Desde la misma Casa Rosada se hizo creer que “Consumo” era “Calidad de vida”. Describía, Cristina Fernández de Kirchner, el lunes 9 de junio: “Los restaurantes estaban llenos, el consumo creciendo (…), el consumo popular, millones de argentinos que han podido acceder a un auto nuevo, a un auto usado o a una moto, o a un plasma. En fin, a mejorar la calidad de vida”.
Para mantener el consumo se crearon programas, algunos más necesarios que otros. Precios Cuidados, Pro.Cre.Ar, Pro.Cre.Auto, Ahora 12, Tarjeta Argenta, etc. La mayoría apuntaba a sostener el consumo de los sectores más vulnerables. Y si bien ayudaron a paliar los efectos de la inflación y la recesión y permitieron comprar en algunos casos productos de primera necesidad, también es cierto que hicieron que “los burros” movamos una rueda pesada que los jinetes no estaban dispuestos a mover.
Mientras los empresarios no invertían, no tomaban gente y no daban aumentos considerables. Mientras la fábrica de hacer billetes nos comía el sueldo con la inflación. Mientras los impuestos más fuertes los asumen los pobres. A los burros nos daban tarjetas para comprar cosas que en nuestra puta vida habríamos podido comprar -y hoy, menos que menos. Total, las cosas tarde o temprano se pagan, y los intereses también.
En 2015 el endeudamiento promedio del trabajador argentino fue de $ 35.111. En muchas provincias, casi tres sueldos brutos. En el primer puesto de los endeudados, los porteños. En los cuatro puestos siguientes, paradójicamente había dos de las provincias con sueldos más bajos del país. Aumentó un 30% la refinanciación de saldos a través de los mágicos “pagos mínimos”.
Hace dos años que tengo tarjetas de crédito y tras algunas malas experiencias aprendí que hay gente que gana plata, mucha plata, con mi ignorancia. O por qué cree usted que, en una época donde ningún rico se animaría a hacer un gran gasto, usted laburante jornalero podría tener su primer auto cero kilómetro. O por qué cree usted que “las cuotas sin interés” existen ¿por generosidad o caridad de los banqueros?
Soy burro y no jinete cuando no puedo decidir sobre mi rumbo. Cuando no me alcanza la plata para llegar a fin de mes y no estoy haciendo nada para que eso deje de ser así. Cuando no distingo “lo necesito” de “lo quiero”. Cuando no me ocupo de generar más dinero y gastar menos y mejor. Cuando tengo un tipo encima sacando provecho de la energía que gasto para ganarme un sueldo que voy a gastar en recuperar energía. Cuando la guita me quita libertad y felicidad.
Haga todo lo posible. No sea burro. Si trabaja ocho horas al día para alguien, trabaje al menos dos para usted –résteselas al sueño- en algún proyecto –otro tipo de sueño- que lo saque de su condición de animal de carga. No sea burro, no crea en el sistema. No valemos por lo que tenemos sino por lo que podemos conseguir; incluso, a veces las cosas más valiosas no tienen góndola en el mercado.



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